Por: Fred Grimm
Traducido por: Tomás Castellanos
Ignoremos a esos científicos testarudos hablando mal de los camarones, ostiones y cangrejos sacados de las aguas contaminadas del Golfo de México.
¿Cuál es la mejor forma de lidiar con los estudios publicados el lunes en la revista oficial de la Asociación Médica Americana (JAMA)?
De la misma forma que nosotros los estadounidenses lidiamos con toda ciencia que nos parece inconveniente. Ignórala. Di que es mentira. Acusa a la elite de propaganda. Especialmente cuando las recomendaciones científicas afectan nuestros bolsillos.
Las advertencias médicas de la Asociación Médica Americana pueden dañar el turismo, la industria pesquera, las ventas de restaurantes. Los patriotas estadounidense tienen el deber de callar a estos mentirosos, ambientalistas liberales con planes de extinguir nuestra industria pesquera.
¿Quién va a creer que todo ese petróleo en el Golfo de México podría convertir a todos estos deliciosos mariscos en un peligro para la salud? A final de cuentas, esta misma clase de investigaciones trató de convencernos hace más de medio siglo que el cigarrillo era dañino para nuestra salud. Aferrados a investigaciones contrarias financiadas por la industria tabacalera y con el apoyo de políticos sureños tratamos de ignorar los riesgos del tabaco por años. Justo hasta que nuestros amigos y familiares comenzaron a fallecer a causa de cáncer de pulmón.
Es la gran paradoja norteamericana. Vivimos cómodamente gracias a los frutos de investigaciones científicas mientras las atacamos cuando sus resultados ofenden ideologías políticas y religiosas.
Una encuesta del Pew Research Center en el 2009 reveló que aún 84 años después del juicio de Scopes, sólo un tercio de la población norteamericana cree en la evolución. Algunos nos preocupamos de que los hospitales estén llenos de bacterias resistentes a antibióticos pero argumentamos que el universo, libre de evolución, tiene sólo 7.000 años.
¿Cómo lo hacemos? Negando las bases fundamentales de la investigación biológica mientras llenamos nuestros cuerpos de farmacéuticos. Es la mágica del razonamiento asimétrico y selectivo.
Un estudio publicado en los Procedimientos de la Academia Nacional de Ciencias encontró que los escépticos del calentamiento global sólo forman el 2 porciento de los 50 principales expertos en el campo.
Pero esto no importa. La retórica ideológica enaltece a este 2 porciento hasta que supera la influencia de 98 porciento de los científicos. Aquí en Estados Unidos, para ganar un poco de dinero a corto plazo estamos dispuesto a jugar el futuro posiblemente catastrófico de nuestros hijos (incremento del nivel del mar entre tres y siente pies, temperaturas desérticas, extinciones masivas y amplias sequías) con sólo dos probabilidades entre cien que el calentamiento global no es cosa de alarma.
El abrumador consenso entre científicos costeros ha advertido que el riesgo al medio ambiente de la barrera contra el petróleo que está creando el gobernador de Louisiana, Bobby Jindal es más grande que el mismo petróleo. Pero no importa. Jindal continuará construyendo este monumento de 360 millones de dólares basado en el concepto de que ganancias políticas a corto plazo son más relevantes que la ciencia a largo plazo.
La evolución recibe tratamiento escéptico a lo largo de la región religiosa del sur del país. El Big Bang (teoría de la gran explosión) es ignorada totalmente. Recientemente los evangélicos contra la evolución han extendido su guerra contra la ciencia para incluir a la noción hereje del calentamiento global antropogénico. Su argumento se basa en la idea de que el hombre no tiene el poder de deshacer lo que Dios ha hecho.
Esto debería encajar perfectamente con la campaña contra los científicos infieles que se han atrevido ha denigrar esas criaturas de Dios que a pesar de estar bañadas en petróleo nos son tan deliciosas al paladar.
Fuente: The Miami Herald